Alguna vez han ido de viaje a otro país y se llevan un poco de dinero en efectivo?
Estoy en los últimos días de mis vacaciones, y siempre que estoy en la cola de un viaje recuerdo una reflexión que leí hace tiempo en este libro de Davis Will.
Davis estaba en un viaje en Nicaragua, y en los últimos días de su viaje se percató de que todo el dinero que tenía en efectivo no le iba a servir de nada cuando volviera a Estados Unidos. Iban a ser como billetes de Monopoly.
Para usar el dinero habían varias opciones: ir a comer algo rico, invitar a sus amigos a la comida, dar una buena propina o regalarle el dinero a alguien… y como le quedaba bastante efectivo hizo todas las anteriores.
Invitó a sus amigos a la comida, le dio una propina exagerada a las personas que los atendieron, y (si no me equivoco) se metió a un mercadito y pagó el doble o el triple de lo que costaban algunos recuerdos, para regalarle el dinero a las personas de las tiendas.
Otra historia que trato de recordar seguido es de Dave Ramsey, que cuenta que una navidad parqueó el carro al frente de una cafetería y le dijo a su hija que se esperara.
Entró al lugar, pidió un café, se lo tomó, dejó una propina de $200 para la mesera y se subió al carro con su hija. Cuenta Dave que la mesera quedó en shock cuando vió la propina (él y la hija estaban viéndola desde el carro) y nunca voy a olvidar la frase que él dijo:
“Hay pocas cosas más divertidas para hacer con $200 que regalárselos a alguien más.”
Es una frase difícil de olvidar porque suena a mentira. A mí se me ocurren muchas cosas muy divertidas que hacer con $200, y casi ninguna involucra regalárselos a nadie más… pero talvez ese es el punto.
Dave Ramsey y Davis Will entienden bien el concepto de los billetes de monopoly, porque no es un concepto difícil de entender.
$200 no le iban a cambiar la vida a Dave Ramsey, pero a alguien más puede que le cambien la vida o al menos el día.
Cómo decía, he tenido esas historias en la mente porque estoy en la cola de las vacaciones y ahorita me queda presupuesto, entonces estoy esperando, porque ya viene el momento de dar una propina extravagante o de regalarle un poco a alguien, porque Dave Ramsey tiene razón, y hay pocas cosas más chivas que tener la oportunidad de ser generoso, pero también, más allá del viaje he estado intentando tener estas historias presentes en mi casa, buscando esas oportunidades para compartir con los demás.
Yo creo que no se puede ser feliz sin ser generoso, porque la generosidad nace de un corazón agradecido, que entiende que tiene más que suficiente.
No es que los $2, $20 o $200 no me sirvan a mí, es solo que ese dinero le puede cambiar la vida (o al menos cambiarle el día) a alguien más, y al final, cuando me toque irme de verdad (RIP), el dinero que tenga aquí va a ser como tener billetes de Monopoly.
Nos vemos pronto,
— Kevin